relojería Tenerife

Relojería Tenerife – ¿La historia del reloj?

Hablar sobre los orígenes de la relojería Tenerife es zambullirnos es un mundo impuesto por un accesorio que ha marcado el estatus social, la distinción y estilo que pueda mostrar una persona. Usar una piezas genuina aporta a quien lo lleva, eso y más.

Ahora bien, ¿cómo llegamos a los relojes que conocemos hoy día, que incluso han sido adoptados por objetos de toda índole como teléfonos, bolígrafos, etc.? Sin más preámbulos demos un vistazo a ese interesante inicio.

¿Cómo surge el mundo de la relojería?

Desde siempre el hombre sintió la necesidad de medir el tiempo, y el fin era saber y controlar sus actividades y hábitos diarios. Sabemos que las primeras civilizaciones ya contaban con calendarios que les indicaban épocas de siembra y cosecha.

En este sentido, por obvias razones como avances y procesos que se iban desarrollando en la vida cotidiana, se hizo evidente que más que un calendario, se requería de una instrumentación mucho más precisa. Finalmente, todas esas innovaciones rudimentarias en su momento, de alguna manera requerían de mecanismos más fiables.

Los primeros tipos de relojes

El primer objeto de medición del tiempo se le conoció como Clepsidra (reloj de agua), este constaba de un sencillo envase lleno de tal líquido y que poseía un pequeño agujero por donde se iba vaciando con cierta regularidad. Este sencillo método fue inventado por los egipcios.

Mil años más tarde (d.C) apareció el de arena, que fue inventado en el Medio Oriente. Dicho mecanismo constaba de una varilla o poste vertical que a medida que pasaba el día daba sombra, señalando en una esfera períodos marcados en ella, según iba transcurriendo la jornada.

También los anglosajones inventaron lo que llamarían vela-reloj, que consistía en marcar una vela que indicaba intervalos que daba el lapso transcurrido a medida que iba derritiéndose. Ya a partir del siglo XIII (D.C) fue el turno de otra versión de reloj de arena. Se trata de dos recipientes que van unido por un canal muy estrecho por donde baja la arenilla. El espacio que tarda en pasar al otro recipiente equivale a una hora aproximadamente.

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